La adicción al tabaco es una enfermedad crónica impulsada por la nicotina y su tratamiento requiere intervención estructurada
30/01/2026
La adicción al tabaco es una enfermedad adictiva crónica. La nicotina es el principal componente del tabaco responsable de su poder adictivo, y del mantenimiento de su consumo, cuyo potencial de dependencia parece igual o mayor que otras sustancias psicoactivas.
Su consumo en el tiempo produce un alto grado de tolerancia, lo que implica la disminución del efecto obtenido con la nicotina y la necesidad de un aumento progresivo para obtener el mismo resultado. Además, aparece el síndrome de abstinencia cuando se produce un cese de su consumo, manifestándose como deseo imperioso de fumar, irritabilidad, ansiedad, alteraciones del ánimo y mayor apetito.
Con cada cigarrillo, el fumador consume entre 1-2 mg de nicotina. Esta llega a sus niveles máximos al torrente sanguíneo y penetra en el cerebro donde la concentración de nicotina es cinco veces mayor que en la sangre, actuando sobre múltiples áreas que estimulan la liberación de neurotransmisores interviniendo en la adicción.
Todos estos cambios neurofisiológicos que induce la nicotina en el sistema nervioso central producen efectos placenteros y de recompensa en las etapas iniciales del fumador, lo que favorece el mantenimiento del consumo y desarrolla, en etapas posteriores, dependencia y síntomas de abstinencia ante la retirada, dificultando el abandono del tabaco.
Los genes pueden influir en la edad de inicio del consumo de tabaco, en la intensidad del tabaquismo y en la adicción a la nicotina durante la edad adulta.
La conducta de fumar es un proceso complejo que suele iniciarse en la adolescencia, con frecuencia como una búsqueda de nuevas sensaciones o como modo de integración en un grupo. Según la OMS, más del 60% de los jóvenes ha probado el tabaco antes de los 15 años y casi una tercera parte son fumadores activos a los 18 años. Inicialmente comienza como una acción voluntaria, que luego es difícil controlar y abandonar. Con los primeros cigarrillos, la adicción química al tabaco aún no se ha consolidado, pero la dependencia psicológica ya ha comenzado a aparecer de varias formas: “me hace parecer interesante, muchos de mis amigos fuman, me ofrecen cigarros y han conseguido llamar mi atención, no me gusta estar esperando sin nada que hacer”.
Esta dependencia hace pensar al fumador que el tabaco forma parte de su vida y puede llegar a creer que no puede vivir sin el cigarro. Los síntomas del síndrome de abstinencia causados por la dependencia química desaparecen mucho antes que los causados por la parte psicológica. Esto se debe a que los receptores de nicotina aprenden a vivir sin nicotina mucho antes de lo que aprendemos a evitar los hábitos asociados al consumo de tabaco, hábitos que pueden tardar incluso años en empezar a olvidarse. Estos hábitos y actos sociales (reuniones, con el café, amigos…) son los momentos más difíciles en el proceso de deshabituación, pero es necesario instaurar nuevas costumbres para erradicar las antiguas.